30/12/11

DRIVE

El conductor sin brújula
Título Original: DRIVE Dirección: Nicolas Winding Refn Intérpretes: Ryan Gosling, Carey Mulligan, Ron Perlman, Christina Hendricks, Bryan Cranston y Oscar Isaac Nacionalidad: EE.UU. 2011 Duración: 102 minutos ESTRENO: Diciembre 2011

En su esencia argumental, una imposible historia de amor, Drive se desliza por el camino del edulcoramiento. Esto es así porque en ella hay fases que rozan la cursilería, situaciones que entran de lleno en la banalidad e incluso personajes insostenibles que no se derrumban porque la materia prima actoral es de primera clase. La pregunta que uno puede hacerse a la vista de lo que Drive cuenta no es otra que “si su relato es tan endeble ¿por qué el espectador se siente tan atrapado en el vía crucis que recorre su protagonista, un conductor que no puede conducir su destino ni controlar sus emociones?"
La respuesta posee un nombre propio, el del director europeo de esta película tan americana, Nicolas Winding Refn. ¿Un desconocido? No tanto. Digamos que es un cineasta danés ajeno a la tropa del Dogma pero presente en los festivales que arriesgan, descubren y enseñan. Por ejemplo, Cannes y Sitges. Bastaría con rememorar su primer largometraje y su penúltimo trabajo para perfilar una línea de luz que reitera las señas de identidad y las razones por las que Winding Refn ahora dirige en América. El primer filme que nos llegó de Winding respondía al nombre de Pusher (1996), un periplo infernal por la violencia y el narcotráfico que acabó siendo una trilogía ahora considerada de culto. Como escribieron los fans de la trilogía en su día, Pusher era la constatación de que también ahora hay algo podrido en Dinamarca.
La penúltima película de Winding era en apariencia muy diferente: Valhalla Rising, una reescritura del cine épico medieval en clave feroz y tan descarnada en su plasmación de la violencia como lo eran sus incursiones en el thriller contemporáneo. A la vista de electricidad tan inquietante era cuestión de tiempo que le llegara la llamada de EE.UU. Lo bueno es que no ha habido sorpresa en su respuesta. Con quince años de profesión, Winding ha sabido sortear los escollos que impone en cine yanqui en su empeño por llegar al máximo número de espectadores. Dicho de otro modo, Winding ha permanecido fiel a sí mismo y, tras adelgazar extraordinariamente una historia sin miga, ha sacado a flote una osamenta robusta. Un esqueleto conformado por la materia mítica de los relatos clásicos. Un héroe esculpido a base de mazazos arrancados de Bogart, McQueen y Eastwood. Gosling, un actor que besa y mata sin mutar el gesto, representa un peldaño más en ese proceso de aislamiento del héroe, en la terrible soledad amoral del justiciero sin princesa. El protagonista de Drive es un personaje fordiano atravesado por la sed de mal de Welles. En el fondo no estamos sino ante un psicótico agresivo al que le conmueven, hasta perder el sentido, una mirada femenina y un niño pequeño. En Drive suena una voz irónica y vemos desplegarse la estrategia posmoderna de un agnóstico que juega a repetir un ritual simbólico al que no reza. Winding, en Drive, entrelaza una capacidad cuántica para fundir el tiempo y distorsionar las percepciones. Esa osadía formal le lleva a unir la esencia del cine clásico levantada sobre tres géneros arquetípicos, el noir, el western y la aventura romántica; con los excesos coreográficos del cine oriental, en especial del coreano y del japonés. Esa mixtura hace perdonable los agujeros de un argumento en el que casi nada se verbaliza y poco se comunica. Nada sabemos de su principal protagonista al principio. Nada sabremos al final. Pero tras cien minutos de una ceremonia cruel y sugerente, queda la sensación de percibir en el relato de un especialista de cine, conductor de atracadores y enamorado de su vecina, un filme de múltiples pliegues, una película como las de antes y como las del mañana.

RARE EXPORTS (UN CUENTO GAMBERRO DE NAVIDAD)

Astracanadas navideñas
Título Original: RARE EXPORTES Dirección: Jalmari Helander Guión: Jalmari Helander Intérpretes: Onni Tommila, Jorma Tommila, Per Christian Ellefsen, Tommi Korpela y Rauno Juvonen Nacionalidad: Finlandia, Noruega, Francia y Suecia. 2010Duración: 84 minutos ESTRENO: Diciembre 2011

Rare Exports nació como un gozoso cortometraje. Una broma ingeniosa consistente en imaginar que detrás de la “marca” Santa Claus existe una extraña raza, una especie de yetis salvajes a los que las autoridades de Finlandia domestican para convertirlos en venerables bonachones que por centenares se envían a todo el mundo para cumplir con el ritual de la navidad: hacer los regalos a los niños del rico mundo occidental. Semejante humorada, que podía haber sido gestada por la sensibilidad de una ONG protectora de los derechos de los animales o por unos hermanos en plena juerga nocturna de vapores etílicos y humos cannábicos, vino envuelta por la calidad de un acabado de anuncio publicitario. La suma de un impactante barniz estético al servicio de una ¿divertida? e irreverente idea se cobró muchos aplausos y algunos premios.
Los Helander repitieron la jugada con otro cortometraje y, finalmente, desembocaron en este trabajo de 84 minutos que, pese a lo escaso de su metraje, no puede ocultar la percepción de que su masa argumental no da para una película larga.
Como ahora, casi año y medio después de su presentación en la siempre excitante y delirante Semana de Cine de Terror donostiarra, se estrena en plenas celebraciones navideñas, cabría no ser demasiado exigente con ella. Es más. se puede confirmar que la mayor parte de los espectadores prevenidos encontrarán algún divertimento con ella. Más que nada por establecer un cierto contrapunto “patoso” en una cartelera llena de mazapanes románticos y películas tontas. Ahora bien, Helander sabe que su puesta de largo le ha sacado los colores. Fuera del circuito del cine de terror, lleno de vociferantes acérrimos encantados con aplaudir las gamberradas más disparatadas, Rare Exports se muestra incapaz de configurar una propuesta sólida. Con graves problemas en su ritmo y pese a apoyarse en los trabajos precedentes, como filme, esta propuesta es mercancía de video club, una pequeña e insignificante muestra de un cierto bizarrismo que juega a ser terrible pero que, en el fondo, no reitera sino un puñado de tópicos tan manidos como los que en su origen critica.

EL TOPO

La cara amarga de la victoriaTítulo Original: TINKER, TAILOR, SOLDIER, SPY Dirección: Tomas Alfredson Guión: Bridget O’Connor y Peter Straughan; basado en la obra de John le Carré Intérpretes: Gary Oldman, Colin Firth, Tom Hardy, John Hurt , Mark Strong y Stephen Graham Nacionalidad: Reino Unido, Francia y Alemania 2011 Duración: 127 minutos ESTRENO: Diciembre 2011

Autor de Déjame entrar, el filme de vampiros más importante y perturbador de los últimos años, Tomas Alfredson, un cineasta sueco forjado en la televisión y hermano del responsable de la errática trilogía de Millennium, demuestra tres años después, con esta adaptación de El topo, que su filme precedente no fue fruto de la casualidad. De hecho, basta con cruzar los últimos planos de El topo y Déjame entrar para percibir un escalofrío semejante. En ambos casos, Alfredson arroja al espectador al más terrible de los finales felices. En ambos casos, su escalpelo se hunde en la paradoja de saborear la amargura de la victoria. Entre el niño protagonista de Déjame entrar, anclado a la maldición de envejecer como un pederasta amante de una mujer-niña eterna y el roce del hierático Smiley a la mano de una esposa de la que desconocemos casi todo menos su culpa, hay una misma cadena-condena: la amargura de sobrevivir.
Alfredson cuenta que escogió deliberadamente hacer El topo. Que sabedor de que existía la posibilidad de filmar la novela de Le Carré movió piezas y sedujo a actores. Lo que Alfredson no cuenta, quizá porque nadie se lo pregunta, es que le interesa tanto el tema del espionaje como el de los vampiros. O sea: nada. Y es que Alfredson extrae de las novelas originales no el escenario ni contexto sino el texto esencial que alimenta sus entrañas.
Decía José Ángel Valente que “Entre el ojo y la forma hay un abismo en el que puede hundirse la mirada”. En ese pozo abisal es donde se interna la retina de Alfredson. Por eso en El topo todo lo que concierne al entramado político de la guerra fría, o sea la forma, se percibe como decorado impreciso. No importa ni el cuándo ni el dónde, porque en ese teatro del mundo que El topo representa sus piezas, sus miserias y grandezas se antojan atemporales, acrónicas, arquetípicas. Si en Déjame entrar, un filme lleno de efectos especiales con un niña que trepaba por la pared, apenas se es consciente de lo fantástico de la trama, en El topo, el espionaje y sus secretos devienen en macguffins irrelevantes. Lo que importa descansa en el enigma de la condición humana. Y en la inteligente reinvención del cine de espías que Alfredson pergeña.

28/12/11

MISIÓN IMPOSIBLE: PROTOCOLO FANTASMA

Más cerca del origen
Título Original: MISSION IMPOSSIBLE: GHOST PROTOCOL Dirección: Brad Bird Intérpretes: Tom Cruise, Jeremy Renner , Paula Patton, Simon Pegg, Josh Holloway, Michael Nyqvist, Léa Seydoux y Vladimir Mashkov Nacionalidad: EE.UU. 2011 Duración: 133 minutos ESTRENO: Diciembre 2011

Hasta en los trabajos más alimenticios un cineasta, cuando realmente lo es, deja su impronta. Habrá quien crea que lo más sensato ante una nueva entrega de Misión imposible , la última morada en la que se refugia un actor errante llamado Tom Cruise, sería pasar por alto su existencia y abandonar toda tentación de analizar su contenido. Pero de hacerlo así, nos perderíamos un interesante ejercicio comparativo y una divertida película. Es sabido que la semilla germinal de Misión imposible se localiza en una (buena) serie de televisión del final de los sesenta. Lo curioso es que su protagonismo era coral, mientras que su adaptación para la exhibición cinematográfica comenzó y todavía está al servicio de mantener en pie el prestigio de un solo actor.
Al mismo tiempo, en su traslación al mundo del celuloide, Misión imposible se ha beneficiado del hacer de directores de la primera división internacional. Tanto Brian de Palma, como John Woo, JJ Abrahans y ahora Brad Bird son n/hombres ilustres. Empezó este proceso Brian de Palma, un coetáneo de Scorsese y Ferrara que emulaba en su origen a Hitchcock y que presenta una excelente e irregular carrera. Siguió Woo, uno de los renovadores del cine de acción oriental cuyo vibrante pulso lo puso al servicio de ese más difícil todavía. Con JJ Abrahans la eficacia de la mejor televisión actual estaba asegurada. En los tres casos, había un denominador común: una querencia por el artificio, por el manierismo, por la hipérbole y por la puesta en escena. Los tres cineastas aman la aventura hecha coreografía.
De manera que encomendar a Brad Bird, un talentoso y distinguido creador de animación con dos joyas en su trayectoria, Los increíbles y Ratatouille, no era ningún disparate ni ninguna frivolidad insensata. Dado que todo en Misión imposible descansa en lo extraordinario, Bird se desmarca del suspense aplicado por De Palma, de la ritualización escogida por Woo y del vibrante ritmo in crescendo de Abrahans para incorporar dos elementos hasta ahora ajenos a la serie. Uno ha consistido en recuperar la idea originaria de la existencia del equipo, ese todos para uno que en el filme de De Palma hubo que dejar de lado para que Cruise captase toda la presencia.
En Misión imposible 4, Cruise está más y mejor acompañado que nunca y aunque él ejerza ese papel reconstruido de esa fusión ya tantas veces destacada de anudar al joven Bourne con el veterano Bond, en el filme del autor de Los increíbles, el protagonismo del grupo impone una variedad que redimensiona el espectáculo. El otro factor de renovación presentaba un enorme peligro que Bird ha logrado sortear con astuta habilidad: el humor. A partir del minuto diez, cuando se ha presenciado una confusa y alambicada operación de rescate, cuando la sensación del hacer circense con un operativo propio del 007 pasado por la batidora del profesor Bacterio, se evidencia que esta cuarta entrega se mueve en trapecios de ironía y autohomenaje. Un tono que se sabe a broma, aunque se tome en serio todos y cada uno de los pequeños detalles de ese gran constructo nacido para divertir. Y eso es lo que consigue MI4, divertir a ratos, con algunas pequeñas fases de desorientación pero con un ágil recorrido geográfico articulado en pequeños episodios, en secuencias autoconclusivas nutridas con sangre de folletín. Así, desde la distensión y la humorada, Cruise consigue lo que MI siempre le da, crédito para seguir arriba, pese a que no haya modo alguno de que asuma un papel como el que desarrolló en Magnolia. Cuando menos, esta película significa un poco de cuerda para Cruise y un buen entretenimiento para la toda la familia.

PERROS DE PAJA

Clonaciones para nada
Título Original: STRAW DOGS Dirección: Rod Lurie Guión: Rod Lurie; basado en el guion de David Zelag Goodman y Sam Peckinpah Intérpretes: James Marsden, Kate Bosworth, Alexander Skarsgård, Dominic Purcell, Willa Holland y James Woods Nacionalidad: EE.UU. 2011 Duración: 110 minutos ESTRENO: Diciembre 2011

Cuando hace ahora diez años, un cineasta de prestigio como Gus Van Sant decidió copiar un filme legendario como Psicosis , ulularon las señales de alarma. Cuando se estrenó, hubo acuerdo unánime: las premoniciones se habían cumplido. Rehacer Psicosis de Alfred Hitchcock no sólo era un disparate, sino que esa clonación que como única novedad, al margen del cambio lógico de actores, consistía en poner color a lo que en la versión original era blanco y negro, no sólo no aportaba nada sino que sus resultados artísticos quedaban muy por debajo de la obra original. Conscientemente o no, eso nunca se ha aclarado, Gus Van Sant estaba demostrando algo obvio. Que una película es mucho más que una sucesión de fotos en movimiento. Van Sant rehizo los mismos planos que había utilizado Hitchcock, pero su Psicosis era un desvaído reflejo imitativo carente de tensión, de emoción y de interés. Había otra lección aprehendida: el signo de los tiempos cambia y con él, la percepción del espectador.
Con ninguna intención salvo la de poner en venta la buena historia con la que Sam Peckinpah alumbró una de sus más celebradas películas, Rod Lurie (re)escribe y dirige una esforzada adaptación sobre la fiera que cada ser humano alberga en su interior. Hay que decir que Lurie arranca bien. Su ligero maquillaje para recontar la misma historia, da sus frutos en la primera parte. Es posible que el peso del recuerdo de Dustin Hoffman y Susan George enturbie la percepción de los espectadores que saben del filme de Peckinpah pero, aunque no rozan la excelencia de sus antecesores, James Marsden y Kate Bosworth saben que cabalgan sobre un guión de hierro y que resulta suficiente con dejar que la letra escrita aflore en la pantalla. Y así ocurre pero Lurie prefiere echar la suerte en lo espectacular. Prefiere la impostura antes que hurgar en la verdad implícita en su interior. Y eso condena “su” Perros de paja. Casi nadie destacará sus limitados valores; será raro que espectadores de más de 40 años quieran verla si vieron la obra de Peckinpah y su mejor aportación significará, para quienes desconozcan al autor de Grupo salvaje, que este filme se lo sirven en bandeja de plata.

MAKTUB

Cáncer a ritmo de rap navideño
Dirección y guión: Paco Arango Intérpretes: Diego Peretti , Aitana Sánchez-Gijón, Goya Toledo, Andoni Hernández San José, Rosa María Sardà, Amparo Baró, Mariví Bilbao y Enrique Villén Nacionalidad: España. 2011 Duración: 115 minutos ESTRENO: Diciembre 2011

Está escrito que cuando se utiliza el cine como pretexto con el que denunciar, divulgar o ennunciar una problemática social, sea ésta más o menos oportuna, por ejemplo cine y derechos humanos, cine y feminismo, cine y gastronomía, cine y lo que sea, puede que esa película crezca sobre un poderoso alegato de “lo que sea”, pero muy probablemente habrá pagado un alto precio: tendrá muy poco cine en sus entrañas. Dicho de otro modo, en esos casos siempre pierde el cine. Eso acontece con Maktub, una sobredosis de ternura mal entendida para ¿concienciar? sobre el cáncer infantil
Paco Arango, director y guionista de Maktub ha enrolado en su nave benéfica -de la que se anuncia que sus ganancias irán destinadas a luchar contra el cáncer-, un plantel de legionarios venidos de todas partes. Esa selección “internacional”, (Peretti, Sánchez Gijón, Toledo, Sardá,...) entrenada para humedecer el lacrimal, desarrolla una cascada de marrullerías sentimentales.
Si se aplica a Paco Arango la misma piedad que él despliega para (mal)tratar a esos payasos que acuden a los hospitales para entretener a los niños, se llega a la conclusión de que Arango arremete con furia porque intuye que su película no es mejor que lo que ese payaso representa: cháchara patética. Por otro lado, la culpa del mal rollo que a veces desprende su principal personaje no es del actor, los niños dependen para su interpretación de la mirada del director. La de Arango sufre de estrabismo mesiánico, lo que obliga a su joven protagonista a dar lecciones morales sin ton ni son ungido por la legitimación que le da esa enfermedad que lo carcome por dentro. Arango cree que porque el chaval desafine a ritmo de rap y afronte la posibilidad de la muerte con insufrible insolencia, ha construido un personaje lleno de dignidad. No es así. Superficial, reaccionaria, larga y casi obscena por lo que tiene de recreación en el dolor, Maktub no puede ser justificada por su voluntad de ¿luchar? contra el cáncer. Arango, con ese pretexto y con la Navidad como música de fondo, levanta un belén cursi y zafio que parece pensado para brillar en el aquí y ahora de este país en crísis. ¿Económica? No. Más grave. Crisis de inteligencia y sensibilidad.

17/12/11

THE ARTIST

Amor de cine, amor eterno
Título Original: THE ARTIST Dirección y guión: Michel Hazanavicius Intérpretes: Jean Dujardin, Bérénice Bejo, John Goodman. Producción: Thomas Langmann y Emmanuel Montamat Nacionalidad: Francia. 2011 Duración: 100 minutos ESTRENO: Diciembre 2011

Cuando The Artist comenzó su periplo triunfal de festival en festival en medio de aplausos, suspiros y entusiasmos, los amantes de lo exclusivo idearon una maledicencia para contrarrestar su éxito. The Artist, afirmaban, es la película muda que gusta a quien jamás iría a ver una auténtica película silente. Es, añadían, una prueba más del gusto contemporáneo por el “sin”, o si lo prefieren, el tributo hortera a lo descafeinado. Obviamente se pasaban de frenada porque el filme de Hazanavicius no pretende suplantar nada ni a nadie. La estrategia de Hazanavicius se despliega con parecida actitud a la que Peter Jackson utilizó para forjar Forgotten Silver, o sea con la voluntad de representar inteligentemente un ayer “fabulado”. Eso es así porque entre otras cosas hoy, con el año 2012 llamando a la puerta, resultaría imposible hacer cine con los planteamientos de los años 20.
The Artist como la película citada de Peter Jackson o como las incursiones de Kaurismaki, Maddin, o los Quay, autores que también en algún momento renunciaron a la voz humana, no simulan, recrean; no usurpan, reinventan; no copian, alumbran historias sin legañas nostálgicas en sus ojos. Y si The Artist emociona, divierte y estremece es porque se percibe en su relato, atisbos de una verdad atemporal. El tiempo cronológico que convoca The Artist rememora la batalla librada hasta la extenuación por algunos de los mejores artistas como Chaplin. Ese momento de quiebra en el que el cine mudo dejó de existir justo cuando Wall Street descubría al mundo el significado de la palabra crisis. Ahora, como entonces, el planeta se angustia por la volatidad del dinero. Ahora como entonces, la desorientación es inmensa pero los escenarios son muy distintos. En ese contexto en el que transcurre la historia de The Artist, el final de los años veinte, Hazanavicius se sirve de un cuento de amor entretejido entre un veterano actor representante del viejo sistema de un cine escópico de héroes acróbatas y aventuras de exotismo bizarro y una joven actriz cuyo talento para asumir el presente representa el final de un régimen resquebrajado para siempre.
No es la primera vez que ese cine que habla del cine ha mostrado esa encrucijada histórica. Con mayor o menor rigor histórico, se nos ha mostrado la patética decadencia de aquellas luminarias fílmicas de glamour y multitudes a las que el sonido dejó sin presencia. La lista puede no ser amplia pero contiene obras impagables. Algunas muy (re)conocidas:, El crepúsculo de los dioses; otras mucho más incómodas, perturbadoras e incluso deprimentes como lo es Inserts de John Byrum.
Hazanavicius evita el tono solemne y negro de Wilder y no está dispuesto a asomarse al oscuro fondo abisal del filme de Byrum. Por eso su Artist opta por una cierta reconciliación, un juego metafórico que habla de la emergencia de un orden nuevo en el que la mujer representa un papel distinto. Frente al mundo afectado, exagerado y granguiñolesco del cine de Rodolfo Valentino, ese cine que se hunde metonímicamente en las arenas movedizas, como lo hace el principal personaje en su última película, puro arquetipo de una masculinidad periclitada, Hazanavicius propone un acto de reconciliación. Con la excusa de homenajear el cine de intertítulos y saltimbanquis, The Artist hace algo muy diferente. Forja un preciso y seductor filme pletórico de ritmo y sentido. No hay detalle sin intención ni secuencia sin interés. Todo en este filme impone una evidencia: el goce del hacer fílmico y la vigencia sin fecha de caducidad del relato romántico. Cine bonito, bien hecho y con talento. Con mucho talento aunque guarde silencio.

ATTACK THE BLOCK

Alienígenas contra pandilleros
Título Original: ATTACK THE BLOCK Dirección y guión: Joe Cornish Intérpretes: Jodie Whittaker, John Boyega, Alex Esmail, Franz Drameh, Leeon Jones, Simon Howard, Luke Treadaway y Nick Frost Nacionalidad: Gran Bretaña. 2011 Duración: 88 minutos ESTRENO: Diciembre 2011

Con la imagen de la María del Metrópolis de Fritz Lang a sus espaldas y con la silueta de King Kong en la pantalla donde instantes después iba a estrenarse su Attack the Block,Joe Cornish explicó en el pasado festival de Sitges el fundamento de esta obra escrita y dirigida por él mismo. Su película y su acervo nada deben ni nada saben del cine en blanco y negro. Attack the Block nació de una incomodidad, de una broma y de un homenaje. En el fondo, tres sensaciones unidas por un referente único: Spielberg. Cornish no lo dijo de manera tan explícita pero Attack the Block convoca su argumento en torno a una vuelta de tuerca, a una hipótesis: ¿qué pasaría si los alienígenas tipo ET. en lugar de aterrizar en urbanizaciones de clase media y mozalbetes tiernos, lo hubiera hecho en medio de un barrio marginal en cuyas calles, las bandas de adolescentes se empeñan en graduarse en las toxicomanías y se anclan en el robo? A ilustrar esa caricatura-guiño se dedica este filme.
Para evitar que todo se reduzca a una carnicería, Cornish hace que estos parientes de ET. tengan en su ADN algo de Predator, así el combate se equilibra algo. Cine ochentero amasado con devoción, suavemente incorrecto y sin ninguna pretensión de pasar a la historia, Attack the Block posee una sólida virtud. Sabe lo que quiere contar y lo cuenta sin perder el tiempo. Joe Cornish, tenía doce años cuando vio obras como Indiana Jones, Rebeldes y ET. Esa edad en la que las impresiones cinematográficas se clavan hondo y dejan poso. Ahora acaba de cumplir 42, ha co-escrito para Spielberg Las aventuras de Tintín, y este británico amante de las comedias y nostálgico espectador de títulos como 1997: Rescate en Nueva York, mezcla humor con emoción, aventura con cinefilia. Buena mezcla para engrasar una película teenager menos simple de lo que pueda parecer y menos brillante y original de lo que se ha dicho. Podría verse como una versión desenfada de The Wire con aliens en su interior. Una propuesta gamberra y cinéfaga que despega desde un suelo británico de vocación irreverente para buscar un lugar en el Hollywood post-Lucas y post-Spielberg convertidos ya en una especie de tótems, tan adorados como falsos.

LA CONSPIRACIÓN

La venganza no es justicia
Título Original: THE CONSPIRATOR Dirección: Robert Redford Guion: James D. Solomon Intérpretes: James McAvoy, Robin Wright, Kevin Kline, Evan Rachel Wood, Danny Huston, Justin Long y Tom Wilkinson Nacionalidad: EE.UU. 2011 Duración: 123 minutos ESTRENO: Diciembre 2011

En los créditos finales, Robert Redford desvela que su protagonista, un héroe de la guerra civil norteamericana, un brillante abogado empeñado en defender a la única mujer acusada de participar en el asesinato del presidente Lincoln fue uno de los redactores jefes del entonces recién fundado rotativo Washington Post. Es un subrayado que reitera la proverbial fe que los progresistas estadounidenses profesan a la prensa como garante de la defensa de las libertades en la que se fundamenta EE.UU. A estas alturas, más que fe, esa feligresía deviene en delirio. La prensa libre de EE.UU. lleva un par de siglos denunciando barbaridades sin que los bárbaros paguen demasiado por sus actos.
Contradicciones de un sistema que como acontece en este filme casi nunca llega a tiempo de evitar el derramamiento de sangre, sea ésta inocente y no inocente. Consciente de ese viacrucis que ante cada guerra, cada asesinato se repite como una ceremonia confusa y desgarrada en EE.UU., Redford no disimula sus intenciones. No es la verdad del asesinato de Lincoln lo que aquí se juzga, sino la tendencia al escarmiento, el miedo al Otro y la sed oceánica de venganza (bíblica) que habita en el corazón de la Casa Blanca de Washington lo que aquí se disecciona. De ese modo, en La conspiración no vemos tanto los fundamentos del hecho histórico como sus ecos repetidos en el presente. Los presuntos asesinos de Lincoln asumen el papel del enemigo exterior, ellos representan ese peligro ajeno al que el entramado político militar yanqui no dudará en reprimir aunque para ello tenga que saltarse las reglas de juego. Anteayer soldados de la confederación, hoy huéspedes de Guantánamo; hoy y ayer carne machacada por el miedo. Han pasado los años y Redford que ya ha cumplido 75, muestra una coherencia digna de respeto. Carece de la amarga distancia y de la dolorosa lucidez del mejor Eastwood, pero como el director de Sin perdón, practica un cine adulto y serio. Es un Redford pulcro, honesto y activamente político al frente de un filme algo fatigado, amarrado al circunloquio pero con una buena idea en su seno y unas excelentes interpretaciones a su servicio.

11/12/11

UN DIOS SALVAJE

El discreto encanto de la hipocresía
Título Original: CARNAGE Dirección: Roman Polanski Guion: Roman Polanski y Yasmina Reza Intérpretes: Jodie Foster, Kate Winslet , Christoph Waltz y John C. Reilly Nacionalidad: Francia, Polonia, Alemania, España. 2011 Duración: 79 minutos ESTRENO: Noviembre 2011

Cuando al cine se le dio técnicamente la posibilidad de incluir la palabra sincronizada con el gesto, el cine cambio de naturaleza. Las bellísimas coreografías silentes, aquel cine de mueca y elipsis, de sutileza y composición, se abrazó al teatro y el teatro lo llenó de fonemas finiquitando un lenguaje que desapareció (casi) para siempre. Un dios salvaje, último largometraje hasta la fecha de un veterano cineasta polaco que en su juventud practicó un cine de pocas palabras, es teatro filmado, cine de cámara al servicio del verbo.
En él se da lo mejor y lo peor de ese maridaje cine-teatro. Y aunque Polanski ya sabe lo que es enfrentarse a este tipo de escollos, La muerte y la doncella podía ser un buen modelo, su incursión en el texto dramático de Yasmina Reza se desgarra en los arrecifes de la carpintería teatral, una estructura que no precisa de lo cinético. Hacia la mitad de su metraje, cuando el espectador ya ha asumido que el naufragio de los personajes adultos será irremisible, cuando se les sabe ahogados en su propia autocompasión de adultos frustrados, uno de los personajes proclama un auto de fe. Él afirma creer en un dios salvaje, en un dios abismal que hace tiempo que decidió abandonar al ser humano. Lo demás, cuestiones morales, mandamientos éticos, para él no vienen a cuento en una sociedad que hace más de medio siglo se consagró y consiguió que la mentira se convirtiera en el orden del mundo.
Un dios salvaje empieza y concluye como el filme de Michel Haneke, Caché, con una cámara inmóvil esposada a un plano general. En él vemos (¿o no vemos?), en medio de varios personajes irrelevantes, un conflicto y un arreglo. No obstante su desarrollo ulterior, su meollo parece caminar por la saludable vía nórdica que empieza en Bergman y concluye en las admirables píldoras dogmáticas de von Trier y Thomas Vinterberg. Pero tanto lo uno como lo otro, no son mas que espejismos con los que Polanski se permite un nuevo ejercicio fílmico interesante pero sin que en él se atisben signos de su genio perverso. Hay que poner mucha imaginación para olfatear en Un dios salvaje algún indicio del hacer del Polanski de sus mejores y más perturbadores trabajos. Aquí, con un plantel de actores brillantes, se aterriza en medio de una disonancia molesta entre lo que se dice, se trata de un problema menor, y el cómo se convoca, casi siempre con un gesto excesivo.
El ensamblaje dramático de Reza, puesto de relieve en obras como Arte, nace de rizar el rizo de las cuestiones menores para abrir llagas profundas con las que se ridiculiza la inseguridad y la falta de densidad psicológica del ciudadano del siglo XXI. Aquí el pretexto es un incidente. Una pelea infantil, una agresión violenta y un intento de arreglar las cuentas: las del seguro médico y las del orgullo paterno. Un fracaso anunciado que acaba por desnudar la total desorientación de la familia contemporánea en la era del bienestar económico.
A Polanski el texto le interesa de manera epidérmica. Tanto, que desaprovecha alguna circunstancia notable como esa alusión a El ángel exterminador, que fuerza a los cuatro personajes centrales a no dar nunca por zanjado su concilio. Prisioneros en un bucle retórico, el proceso teatral filmado con elegancia pero sin pasión por Polanski, marca un ascenso hacia el desastre y la hipérbole. Al final, poco importa lo que se discute y menos interesa qué acabará pasando. Al final nada hay de Haneke, ni de Vinterberg, ni Buñuel. Nos queda un Polanski que no es el de Repulsión , ni el de Chinatown; ni el de sus filmes más alucinados y angustiosos. Podía haber sido bastante, pero se queda en bastante poco.

MEDIANERAS

Romanticismo trasnochado
Título Original: MEDIANERAS Dirección y guión: GustavoTaretto Intérpretes: Pilar López de Ayala, Javier Drolas, Inés Efrén, Carla Peterson, Adrián Navarro, Rafael Ferro y Miguel Dedovich Nacionalidad: Argentina, Alemania y España. 2011 Duración: 95 minutos ESTRENO: Noviembre 2011

Con alguna pequeña coincidencia argumental y no pocos procesos narrativos análogos con El hombre de al lado de Mariano Cohn y Gastón Duprat; Medianeras ejemplifica lo fácil que es echar por la borda unas buenas intenciones cuando se administran mal los tonos, las pausas y las fuentes de las que se está bebiendo. En breves líneas, Medianeras se suma a la corriente, difícil, resbaladiza y muy quebradiza, de la comedia romántica inteligente. Lo normal es navegar por las aguas del romance armado de estulticia, mucha piel y bastante mal gusto. Pero cuando se osa seguir sendas al alcance de pocos cineastas tipo Richard Linklater, se puede incurrir en experimentos tan deprimentes como esta historia de amores del siglo XXI.
La eterna cuestión del chico y la chica ocupa el argumento. En este caso se nos coloca ante dos amantes heridos. Comparten soledad, dolor y casi hasta las paredes del edificio de apartamentos. Se cruzan todos los días, les separan unos segundos, unas puertas que se abren o cierran a destiempo, un pequeño traspiés, un ligero ir más deprisa o más despacio por lo que el encuentro no se produce de manera que esa espera al flechazo es lo que culmina su argumento. Nada original por ese lado.
La pretensión de singularidad surge del pulso del director, un cineasta que hasta ahora había destacado como un cortometrajista de cierto interés. De hecho, para debutar en el mundo del largometraje, Taretto se ha servido de uno de sus cortometrajes anteriores titulado de igual modo. En aquellos 28 minutos del Medianeras de 2004, ya se contaban las penalidades de Mariana y Martín, dos jóvenes sin suerte que, sin saberlo, estaban hechos el uno para el otro. Convencido de que se jugaba mucho en su debú como largometrajista, el cineasta argentino recarga el guión con una suerte de reflexiones literarias solemnes y redichas. Lo que obliga a decir a sus actores en algunos momentos, acaba con ellos. Cierto es que Javier Drolas no posee mucha capacidad para salir indemne de esta exigencia pero es que Pilar López de Ayala, una actriz de versatilidad y rigor indiscutibles, aquí termina por rendirse a la evidencia: hay diálogos y soliloquios que nunca habría que interpretarlos.

GARTXOT

La lengua como metáfora
Título Original: GARTXOT Dirección: Asisko Urmeneta y Juanjo Elordi Guion: Asisko Urmeneta y Edorta Barruetabeña Música: Benito Lertxundi Nacionalidad: España. 2011 Duración: 85 minutos ESTRENO: Noviembre 2011

Con La vuelta al mundo, ¡gratis!, Asisko Urmeneta dio el salto al mundo del largometraje de animación. El planteamiento, algo gamberro, bastante insolente y finalmente con la mayor parte de sus efectivos críticos desactivados en beneficio de alcanzar públicos más amplios, dejó inscritas dos lecciones impagables. La primera, la necesidad de conferir a los personajes, sean o no carne de dibujos animados, un perfil psicológico que los concrete en algo próximo. Y la segunda que, por muy animado que sea un filme, no se puede ignorar la necesidad de crear climax alternando momentos de acción acelerada con secuencias en las que los personajes se asienten, crezcan y se revelen.
A las virtudes incipientes de aquel trabajo iniciático, una solvencia para el dibujo capaz de imprimir personalidad y atractivo, ahora añade Asisko Urmeneta con la complicidad de Juanjo Elordi en la dirección y Edorta Barruetabeña en el guión, un tratamiento más contenido y reposado.
Curiosamente Urmeneta ha dejado de lado ese tono cool de su vuelta al mundo, algo que en el fondo encerraba un guiño tradicional a Julio Verne, por una incursión en uno de esos relatos inmemoriales que han sido objeto de decenas de adaptaciones literarias y teatrales.Hablamos de la leyenda del Bardo de Itzaltzu, un texto ambientado en el medievo navarro y que Arturo Campión recuperó y divulgó de manera decisiva en el siglo XX. Convertido en un texto de referencia obligada en el mundo del nacionalismo vasco, la poética de su odisea deviene en algo universal.
Este Gartxot dibujado con líneas agudas y pulso enérgico cultiva una exaltación del sentimiento. Su relato, la tragedia del bardo enfrentado al abad del monasterio de Roncesvalles, aporta un tejido susceptible de provocar la emoción. Y así lo hace. Lo que acontece en este caso es que Gartxot redobla su capacidad de conmoción gracias a un sensible trabajo de equilibrios entre la música, el ritmo y el relato. Es probable que ahora pase inadvertido para el gran público, especialmente para el adulto; pero es más que posible que estemos ante el nacimiento de un pequeño clásico que perdurará como obra de referencia a través del tiempo.